La planta de amoniaco que construye Gas y Petroquímica de Occidente (GPO) en Topolobampo continúa siendo uno de los proyectos industriales más importantes del noroeste del país, con expectativas de generar miles de empleos durante su construcción y operación.
De acuerdo con información difundida por la empresa, la fase de construcción ha requerido más de 2 mil 800 trabajadores, de los cuales alrededor del 60 por ciento corresponde a mano de obra local, incluyendo habitantes de comunidades indígenas y municipios cercanos del norte de Sinaloa.
Una vez que la planta entre en funcionamiento, se estima la creación de aproximadamente 300 empleos directos permanentes, además de una importante cantidad de puestos indirectos relacionados con servicios, logística, mantenimiento, transporte y actividades asociadas a la industria petroquímica.
El proyecto contempla la producción de alrededor de 2 mil 200 toneladas diarias de amoniaco, insumo fundamental para la elaboración de fertilizantes utilizados en la agricultura nacional.
Sus impulsores señalan que la instalación contribuirá a fortalecer la competitividad del sector agrícola y a reducir la dependencia de importaciones de este producto.
Sin embargo, la obra también ha generado controversia entre grupos ambientalistas, pescadores y comunidades indígenas mayo-yoreme, quienes han manifestado preocupación por los posibles efectos ecológicos en la Bahía de Ohuira, una zona de alta biodiversidad y relevancia para la actividad pesquera.
Mientras continúan los debates sobre el impacto ambiental y social del proyecto, autoridades estatales y representantes del sector productivo sostienen que la planta representa una oportunidad para atraer inversión, impulsar el desarrollo industrial y ampliar la oferta laboral en la región norte de Sinaloa.






